El operativo para fortalecer a la Selección Boliviana ha cruzado la frontera. Máximo Mamani, el extremo de 19 años formado en las exigentes filas de Vélez Sarsfield, está a solo una firma de cambiar oficialmente su destino deportivo. La Federación Boliviana de Fútbol corre contra el reloj en los pasillos de la Cancillería para entregarle su carnet y pasaporte, un trámite que no solo le permitirá jugar como nacional en el fútbol local, sino que lo pone directamente en el radar de Óscar Villegas para los retos inmediatos de «La Verde».

Nacido en Santa Fe, Argentina, pero con raíces profundamente bolivianas gracias a su abuelo paterno, Mamani ya dio el «sí» definitivo al país. Su llegada no es solo un trámite administrativo; es un refuerzo estratégico para el vigente campeón, Always Ready, que lo tendrá como carta de presentación en la fase de grupos de la Copa Libertadores. Para el hincha de la banda roja y de la selección, su velocidad por la banda derecha representa esa cuota de frescura necesaria para un año que se perfila como histórico.

La expectativa es tan alta que Villegas espera tenerlo disponible este mismo mes. Si los papeles se firman en los próximos días, Mamani podría debutar con la tricolor en los amistosos frente a Panamá en Tarija, o contra México y República Dominicana en Santa Cruz. Para el cuerpo técnico, verlo en cancha en estos duelos es vital para decidir si este joven talento está listo para la presión de las eliminatorias y el repechaje mundialista.

Para el ciudadano que sigue de cerca los cambios en el país, el caso de Mamani refleja una nueva tendencia en nuestro fútbol: captar el talento de la diáspora para elevar el nivel de la liga nacional. Si todo sale según lo planeado, este enero no solo recibiremos a un nuevo ciudadano, sino a una promesa que podría ser clave para el sueño de volver a un Mundial.

RC/REV

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