Quipus, la empresa estatal que ensambla computadoras en Bolivia, no solo está compitiendo en precios —hasta un 15% más bajos que otras marcas, según explicó su gerente, Freddy Fernández—, sino que también está mostrando resultados sólidos y un fuerte compromiso con el país.
Desde 2021, Quipus facturó más de 207 millones de bolivianos. Cumple con todas sus obligaciones fiscales, laborales y con proveedores, y mantiene una gestión transparente: sus datos financieros están disponibles públicamente.
Pero más allá de los números, el verdadero impacto está en lo social. Fernández contó que cerca de 2 millones de estudiantes bolivianos usaron por primera vez una computadora gracias a Quipus, y muchas de esas máquinas siguen funcionando después de 10 años.

Quipus también está ayudando a reducir el analfabetismo digital y a avanzar hacia una mayor independencia tecnológica para Bolivia. Hoy, casi todas las computadoras que se venden en el país vienen del exterior, muchas a través de multinacionales o mayoristas chilenos. Fernández plantea una pregunta clave: ¿Queremos seguir dependiendo del extranjero en tecnología?
La apuesta de Quipus es clara: producción nacional, empleo boliviano y tecnología al alcance de todos.
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