Las papas nativas del altiplano podrían esconder una clave para enfrentar los efectos del cambio climático. Investigadores de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) estudian cerca de 60 variedades en busca de genes capaces de resistir condiciones extremas como sequías y heladas.
El proyecto “Papas Resilientes”, impulsado por el Instituto de Ecología de la UMSA, se desarrolla en Marka Corpa, municipio de Jesús de Machaca, La Paz, donde científicos trabajan junto a productores para identificar las variedades que históricamente han demostrado mayor capacidad de adaptación.
La investigación parte del conocimiento de las comunidades. Los agricultores reconocen, por generaciones de experiencia, qué papas logran soportar mejor la falta de agua o las bajas temperaturas. Variedades como luq’i, Sisu, Phiñu e Imilla Negra están entre las identificadas por su resistencia.
“Papas Resilientes” busca ahora llevar ese conocimiento al campo científico. Los especialistas analizarán las variedades seleccionadas para identificar los genes vinculados con su resistencia y posteriormente estudiar su incorporación, mediante cruces tradicionales, a otras papas nativas con buenas características productivas.
El coordinador del proyecto, Carlos Molina, explicó que la iniciativa pretende rescatar los saberes ancestrales y, al mismo tiempo, revalorizar la diversidad de especies nativas que podrían convertirse en una herramienta frente a escenarios ambientales cada vez más extremos.
Para los productores de Marka Corpa, el trabajo conjunto resulta fundamental. El comunario Julian Condori señaló que conocen las variedades capaces de enfrentar sequías y heladas, pero consideran necesario el respaldo de especialistas para mejorar y fortalecer sus cultivos.
La investigación también pone en valor el origen andino de la papa. Según el director del Instituto de Ecología, Máximo Liberman, este tubérculo fue domesticado en la región andina de los actuales Bolivia y Perú antes de expandirse al mundo. Su enorme diversidad de tamaños, colores, sabores y capacidades de adaptación representa hoy un patrimonio que podría ofrecer nuevas respuestas ante el cambio climático.
La meta de la UMSA es lograr que, en futuras generaciones, las papas combinen mayor productividad y resistencia a condiciones climáticas adversas, aprovechando los recursos genéticos que las comunidades andinas han conservado durante generaciones.
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