Hace 48 años, la Selección Boliviana ya había vivido la tensión de un repechaje mundialista, cuando se enfrentó a Hungría por un cupo al Mundial de Argentina 1978. Tras superar la Liguilla de Cali, la Verde se vio obligada a disputar un desempate histórico, uno de los capítulos más intensos de su trayectoria clasificatoria.

En 1977, la CONMEBOL organizó los grupos clasificatorios y Bolivia, bajo la dirección de Wilfredo Camacho, logró superar a Uruguay y Venezuela, accediendo al triangular final conocido como la “Liguilla de Cali” junto a Brasil y Perú. Sin embargo, las duras derrotas frente a las potencias sudamericanas (8-0 ante Brasil y 5-0 ante Perú) dejaron a Bolivia última y obligada a disputar un repechaje intercontinental contra un rival europeo.

La crisis no tardó en estallar: el gobierno de Hugo Banzer intervino la Federación Boliviana de Fútbol, destituyó al presidente Mauro Cuéllar y nombró a Guillermo Bulacia como interventor. Además, Camacho fue reemplazado por el alemán Edward Virba, quien tomó un plantel renovado para enfrentar el desafío europeo en Düsseldorf.

El repechaje frente a Hungría inició el 29 de octubre de 1977 en Budapest, donde los bolivianos fueron goleados 6-0. La revancha se jugó el 30 de noviembre en un Hernando Siles lleno, y aunque Bolivia cayó 3-2, los dos goles de Carlos Aragonés dejaron una actuación digna ante una selección de alto nivel. Hungría avanzó al Mundial con un global de 9-2.

A pesar de la eliminación, aquel repechaje quedó marcado como un hito histórico: fue la primera y única vez que Bolivia disputó un desempate mundialista. Casi cinco décadas después, la Verde volverá a vivir la emoción de un repechaje: en marzo de 2026 enfrentará a Surinam, y de avanzar, a Irak en la final intercontinental, con la esperanza de regresar a un Mundial tras más de 30 años de espera.

Revista Estamos Vivos

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