El contrabando de Gas Licuado de Petróleo (GLP) ha ganado protagonismo en las fronteras con Argentina, donde garrafas bolivianas subvencionadas llegan a venderse hasta ocho veces por encima de su precio original, en medio de filas y escasez en varias ciudades del país.
Aunque históricamente el contrabando se concentró en el diésel y la gasolina, ahora el negocio ilegal apunta al GLP, un insumo básico para los hogares bolivianos. El propio Gobierno reconoció que parte del producto subvencionado no está llegando a las familias, debido a su desvío fuera del país.
Desde Yacuiba y Bermejo, dirigentes vecinales y gremiales señalan que el paso de garrafas hacia el norte argentino es casi diario. Si bien admiten que el fenómeno es menor en comparación con otras zonas fronterizas como Villazón o Desaguadero, coinciden en que el control estatal es débil frente al fuerte incentivo económico.
En territorio boliviano, el recambio oficial de una garrafa se mantiene en Bs 22,5, pero en tiendas de barrio el precio puede elevarse hasta Bs 40, según la zona. Sin embargo, el verdadero negocio aparece al otro lado de la frontera, donde una garrafa boliviana puede revenderse entre Bs 150 y Bs 200.
Publicaciones en Marketplace de Facebook evidencian esta distorsión de precios: una garrafa adquirida en Bolivia por el equivalente a 4.700 pesos argentinos puede alcanzar los 42.000 pesos en Argentina.
En Yacuiba, el presidente de la Fejuve, Pedro Hidalgo, reconoció que el traslado de GLP hacia Argentina es una práctica conocida. En Bermejo, el dirigente gremial Rubén Borja indicó que, si bien no hay grandes problemas con el GLP, sí se registraron dificultades recientes en el abastecimiento de GNV, lo que generó largas filas de vehículos.
A nivel nacional, el ministro de Hidrocarburos y Energías, Mauricio Medinaceli, admitió que el consumo diario de GLP subió de 1.400 a 1.700 toneladas y reveló que alrededor del 20% del producto se estaría desviando al contrabando, una situación que el Gobierno busca controlar.
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