El aroma del pan recién salido del horno vuelve a llenar las calles paceñas. Entre t’antawawas, escaleras, coronas y bizcochuelos, los hornos de barrio trabajan sin pausa para dar vida a una de las tradiciones más queridas del calendario andino: Todos Santos.

En estos días, los panificadores duplican su esfuerzo. Desde la madrugada hasta entrada la noche, las familias acuden a los hornos comunales para preparar las masitas que decorarán las mesas donde, según la creencia andina, “las almas vuelven al hogar”.

La Federación Departamental de Panificadores de La Paz y las 20 Provincias publicó la lista oficial de precios del horneado para evitar abusos y garantizar la transparencia en esta temporada.

Precios referenciales:

  • Horneado por quintal: Bs 260
  • Horneado por arroba: Bs 65
  • Masitas, galletas o pan por lata: Bs 10
  • Humintas: Bs 20
  • Lechón con huatia: Bs 350

“El precio del quintal se mantiene en 260 bolivianos y la arroba en 65. No regulamos el costo, pero sí verificamos que cada horno exhiba su lista de precios y cumpla las normas de higiene”, informó Nelson Quispe Vargas, analista técnico de Inocuidad Alimentaria de la Intendencia Municipal.

La Intendencia de La Paz recordó que todos los establecimientos deben contar con carnet de manipulación de alimentos, mantener los espacios limpios y mostrar de forma visible los precios. Además, desplegó operativos de control en los macrodistritos Sur, Cotahuma, Max Paredes, San Antonio y Periférica para supervisar la inocuidad y el respeto a las tarifas acordadas.

“Recomendamos a la población acudir solo a hornos que cuenten con los permisos y certificados visibles. Es la mejor garantía de que el pan y las masitas se elaboran en condiciones seguras”, añadió Quispe.

Más allá del control y los precios, la jornada del horneado es una celebración viva de memoria y devoción. Amasar, decorar y hornear son actos cargados de simbolismo: cada figura representa un gesto de cariño hacia quienes partieron.

Así, entre harina, brasas y rezos, La Paz mantiene encendida la tradición de recibir a sus ajayus con el pan caliente, recién horneado y lleno de amor.

Revista Estamos Vivos

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