Lo que parece una carretera moderna y espectacular en la superficie, con sus cuatro carriles, túneles y puentes, esconde una obra de ingeniería monumental. La Doble Vía El Sillar, que conecta el oriente y occidente de Bolivia, está construida sobre una base de pilotes que alcanzan profundidades de hasta 35 metros, el equivalente a un edificio de 12 pisos.

La región del Sillar es conocida por sus complejidades geológicas: lluvias intensas (hasta 6.000 mm anuales) y una capa de roca fracturada de 15 metros de profundidad. Para garantizar la estabilidad de la carretera, los ingenieros tuvieron que anclar segmentos de la plataforma a través de pilotes que penetran profundamente en el suelo.

No todo es visible a simple vista. Bajo el asfalto de la carretera hay capas diseñadas con precisión:

  • Una capa drenante de 20 cm.
  • Subbase de 30 cm.
  • Capa base de 28 cm.
  • Dos capas asfálticas que suman más de 13 cm.

En los tramos con pavimento rígido, se instaló una losa de hormigón de alta resistencia de 27 cm, soportada por capas similares.

El control del agua fue clave en el diseño. Se instalaron 136 drenajes transversales y sistemas subterráneos de gaviones que canalizan las aguas para evitar que corroan el terreno. En total, los drenajes suman más de 3,8 kilómetros de longitud.

Según José Mollo, ingeniero de estructuras, estas soluciones invisibles garantizan que la Doble Vía tenga una vida útil de al menos 50 años, enfrentando los desafíos geológicos y climáticos de la región.

La carretera no solo conecta al país; también es un testimonio del ingenio humano frente a los retos de la naturaleza.

Revista Estamos Vivos

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