Bolivia enfrenta una de las mayores amenazas para su patrimonio cultural. Aunque la Constitución reconoce 36 lenguas indígenas como oficiales, especialistas advierten que 30 están en riesgo de desaparecer y, si la tendencia actual continúa, solo entre tres y siete idiomas originarios podrían sobrevivir durante este siglo. Los resultados del Censo 2024 reflejan una reducción sostenida de hablantes, especialmente entre las nuevas generaciones.

El panorama es especialmente crítico en las tierras bajas del país, donde algunas lenguas cuentan con apenas un puñado de hablantes. Según el análisis de los datos censales, el cayubaba registra solo cinco hablantes, mientras que el canichana y el joaquiniano conservan únicamente siete cada uno, situándolos al borde de la desaparición.

Especialistas coinciden en que el principal problema ya no es la falta de reconocimiento legal, sino la pérdida de la transmisión familiar. Muchas personas dejaron de enseñar su idioma a sus hijos debido a décadas de discriminación y a la idea de que el castellano ofrece mayores oportunidades educativas y laborales.

Actualmente, cerca del 30% de la población boliviana tiene una lengua indígena como idioma materno, pero la mayoría se concentra en quechua, aimara y guaraní, que reúnen más de 2,2 millones de hablantes. En contraste, la mayor parte de las demás lenguas enfrenta un acelerado proceso de disminución.

Investigadores sostienen que revertir esta situación requiere fortalecer el uso cotidiano de los idiomas originarios en la educación, la justicia, la administración pública, los medios de comunicación y los espacios culturales. Advierten que la desaparición de una lengua no solo implica perder una forma de comunicación, sino también conocimientos ancestrales, tradiciones, identidad y la memoria histórica de los pueblos indígenas.

Revista Estamos Vivos

Compartir en