En la Planta de Clasificación de Residuos de La Paz, ocho trabajadores municipales realizan a diario la selección, pesaje y triturado de materiales inorgánicos que llegan junto a los residuos domiciliarios. Con doble guante, overol y máscara de protección, el equipo extrae papel, cartón y plásticos que luego son procesados para convertirse en Combustible Derivado de Residuos (CDR).
Este trabajo forma parte de la primera fase del proyecto de industrialización de residuos sólidos en La Paz, iniciado en julio de 2025 mediante un convenio entre la Alcaldía y la empresa Soboce. La alianza permitirá transformar basura en energía limpia, a través del coprocesamiento de residuos como combustible alternativo en hornos cementeros.
La planta, ubicada en el ingreso al Relleno Sanitario de Sak’a Churu, recibe diariamente camiones recolectores con residuos domiciliarios, principalmente del macrodistrito Centro, donde se concentra mayor cantidad de oficinas e imprentas. En medio de montañas de desechos, los trabajadores separan uno a uno los materiales aprovechables, mientras los residuos orgánicos son derivados directamente al relleno sanitario.
“Lo que nosotros hacemos es clasificar cómo estamos con el proyecto de los CDR. Tratamos de sacar la mayor cantidad posible de residuos que nos van a servir”, explicó la supervisora de la planta, Mariela Gabriel Miranda.
El proceso. Tras la selección, los materiales útiles son colocados en bolsas de hasta 250 kilos y trasladados en carritos volcadores a la balanza de la planta para su pesaje. Luego pasan a la máquina trituradora, donde los residuos son procesados hasta convertirse en CDR. El producto final se deposita en nuevas bolsas, nuevamente pesadas y almacenadas en el patio para su traslado a la empresa Soboce. Entre los materiales que se procesan también se incluyen restos de jeringas sin uso, enviados periódicamente por empresas farmacéuticas.
Falta de hábito en el reciclaje. La supervisora recordó que, desde junio de 2024, se hicieron pruebas con residuos de distintos macrodistritos, concluyendo que los del Centro contienen más materiales útiles. En el futuro se prevé analizar también los del macrodistrito Sur. Miranda subrayó que la selección manual sigue siendo obligatoria porque la población aún no tiene el hábito de separar sus residuos. Incluso en los contenedores diferenciados y en las Islas Verdes se encuentran desechos mezclados. “Lamentablemente no tenemos todavía una educación en el ámbito del reciclaje”, afirmó.
Seguridad del personal. Los ocho trabajadores de la planta cuentan con equipo de protección personal (EPP): guantes de látex cubiertos por guantes engomados, máscaras y overoles. “En la bolsa hay desechos, incluso de baños, pero en medio de eso a veces hay papel o plásticos que sirven, entonces vamos seleccionando minuciosamente”, relató la supervisora. Con este esfuerzo, el municipio da un paso hacia la industrialización de la basura, transformando residuos en energía y reduciendo el impacto ambiental de la ciudad.
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