La inteligencia artificial (IA) dejó de ser un experimento de laboratorio para instalarse de lleno en las universidades. Desde plataformas virtuales hasta evaluaciones automatizadas, su presencia promete revolucionar la enseñanza. Pero, según advierte la UNESCO, este salto tecnológico también expone una serie de carencias que no pueden ignorarse.

El informe “Los retos de la IA en la educación superior y las respuestas institucionales: ¿Hay lugar para marcos de competencias?”, elaborado por el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), revela un dato inquietante: el 58% de los universitarios no se siente preparado para enfrentar un mundo marcado por la IA. A ello se suma que solo el 22% de los docentes la utiliza en su práctica diaria, lo que refleja una brecha entre el potencial de la tecnología y su aplicación real en las aulas.

“Lo que hoy parece innovación será rutina en apenas una década. La cuestión no es si la IA transformará la educación superior, sino si las instituciones estarán listas para guiar esa transformación con responsabilidad”, subrayó Francesc Pedró, director del IESALC, durante el Foro Internacional de Innovación Educativa (FIIE 2025) realizado en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) en Santa Cruz.

El estudio también advierte que muchas universidades han empezado a diseñar pautas sobre el uso de herramientas como ChatGPT, pero de manera fragmentada y poco coordinada, lo que limita su efectividad. Para la UNESCO, es urgente avanzar hacia una pedagogía basada en IA que fomente no solo eficiencia, sino también pensamiento crítico, colaboración y resolución de problemas interdisciplinarios.

Otro desafío clave es la ausencia de un marco integral de competencias para la educación superior. Mientras que en primaria y secundaria ya existen lineamientos, en la universidad las propuestas suelen estar restringidas a carreras STEM. La organización plantea un esquema que combine conocimiento técnico, habilidades críticas y valores humanos como la equidad, la justicia y la transparencia.

“La IA no debe sustituir al profesor, sino liberar su potencial creativo. Al automatizar tareas rutinarias, permite que los docentes se concentren en lo más humano: acompañar, guiar y estimular el pensamiento crítico”, remarcó Pedró.

El mensaje de la UNESCO es contundente: ignorar este debate no es una opción. El futuro de la educación superior dependerá de la capacidad de universidades y gobiernos para diseñar políticas, competencias y estrategias que integren la IA de manera ética y equitativa. De lo contrario, el riesgo es ampliar las brechas sociales y digitales que ya marcan diferencias profundas en la región.

Revista Estamos Vivos 

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