Bolivia tiene paisajes únicos, una enorme diversidad cultural y una gastronomía que busca abrirse espacio fuera de sus fronteras. El desafío ahora es convertir ese potencial en más visitantes, más actividad económica y más empleos. Con esa tarea llega Andrés Aramayo, posesionado como nuevo viceministro de Turismo Sostenible y Culturas, área que ahora forma parte de la Cancillería.

La nueva estructura busca conectar el turismo y la cultura con la política exterior. Aramayo plantea coordinar con los viceministerios de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior para atraer más viajeros y, al mismo tiempo, llevar productos vinculados con la identidad boliviana a los mercados internacionales. La apuesta oficial es que el turismo, las culturas, el folklore y la gastronomía puedan convertirse en un motor de desarrollo económico, social y ambiental.

El nuevo viceministro no llega por primera vez al sector. Cuenta con experiencia en turismo y emprendimiento y anteriormente ejerció funciones vinculadas al área; además, según información publicada por El Diario, acumula más de 15 años de experiencia en estrategias empresariales y gestión, fue director del Observatorio para la Industria Turística Sostenible (Órbita), docente universitario, consultor y asesor en desarrollo turístico público-privado.

Ahora tendrá que pasar de los diagnósticos a los resultados. Aramayo anunció el reinicio de acciones para cumplir compromisos con organismos como la CAF, el BID y el Banco Mundial, además de una revisión de normas para impulsar la denominada economía naranja. Su planteamiento es que el Estado funcione como facilitador y genere condiciones para que las actividades vinculadas con el turismo y la cultura puedan crecer.

El reto es especialmente relevante para un país que necesita generar nuevas oportunidades económicas. El propio Aramayo ya había planteado anteriormente que el turismo podía ser una alternativa para atraer divisas y promover un desarrollo menos dependiente de las actividades extractivas, además de defender una mayor articulación entre el sector público y privado.

Por eso, su gestión tendrá una vara más alta que la de simplemente promocionar destinos. La pregunta será si Bolivia consigue transformar su identidad cultural, sus paisajes y su gastronomía en una industria que genere ingresos, emprendimientos y empleos. El potencial existe; convertirlo en resultados será la tarea que ahora tiene Aramayo.
RC/REV

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