El precio de la carne de pollo aumentó 25,16% en agosto y se convirtió en el principal impulsor de la inflación en Bolivia. El alza golpea directamente a las familias, que ahora deben destinar más dinero para comprar la misma cantidad de alimentos o reducir el consumo de carne.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación positiva de 1,10% en agosto, después de haber caído 2,79% en julio. La inflación acumulada en los primeros ocho meses del año llegó al 3,01%, mientras que la variación de los últimos 12 meses alcanzó el 5,02%.

El incremento del pollo tuvo una incidencia de 0,53 puntos porcentuales sobre el IPC nacional, por lo que explicó casi la mitad de la inflación mensual. El INE atribuyó el aumento inicial al retraso en el repoblamiento de las granjas avícolas, provocado por los 53 días de bloqueos registrados anteriormente, según el reporte de El Deber.

El encarecimiento también alcanzó a otros alimentos. Los quesos subieron 3,95%; el aceite, 2,95%; la manzana, 2,10%; la papa, 1,84%, y la leche pasteurizada, 1,29%. Comer fuera de casa también costó más: el pollo al espiedo o a la brasa aumentó 3,04%; el plato extra, 1,68%, y el almuerzo, 0,62%.

Otros productos y servicios también registraron incrementos. Los celulares subieron 9,01%; los refrigeradores, 6,17%; las cocinas a gas, 5,54%; las computadoras portátiles, 5,52%, y la pasta dental, 4,32%. En contraste, bajaron el transporte interdepartamental en flota, el tomate, la arveja, los huevos y la carne de res.

El dólar añade presión

La inflación de agosto no fue causada por la última subida del dólar. Sin embargo, el incremento de la divisa representa un riesgo adicional para los precios de las próximas semanas, especialmente si la tendencia continúa.

La cotización oficial pasó de Bs 11,92, vigente entre el 29 y el 31 de agosto, a Bs 12,45 para el 4 de septiembre. Esto representa un aumento de 53 centavos, equivalente al 4,25% en cuatro días hábiles.

Una cotización más alta implica que importadores, productores y comerciantes necesitan más bolivianos para adquirir la misma cantidad de dólares. El efecto puede trasladarse a medicamentos, celulares, repuestos, vehículos, maquinaria y materias primas.

La presión también puede alcanzar a productos nacionales que dependen de insumos importados, como fertilizantes, semillas, medicamentos veterinarios, envases y aditivos. Por ello, una escalada persistente del dólar podría terminar encareciendo no solo los productos importados, sino también parte de los alimentos y bienes producidos en el país.

 

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