El Gobierno boliviano comenzó a avanzar con los estudios para construir una nueva carretera que conectaría San Ignacio de Velasco, en Santa Cruz, con la frontera con Brasil. La vía tendría una extensión aproximada de 135 kilómetros y posteriormente se conectaría con Vila Bela da Santíssima Trindade, en el estado brasileño de Mato Grosso.
La propuesta busca mejorar la conexión entre Bolivia y Brasil, facilitar el transporte de productos y reducir los costos para quienes realizan actividades comerciales en la región. El proyecto también es considerado por las autoridades como una posible nueva ruta para fortalecer el comercio y la integración entre ambos países.
Sin embargo, la carretera también genera preocupación por el lugar donde se proyecta. San Ignacio de Velasco es una de las zonas de Bolivia que ha registrado una importante pérdida de bosques en los últimos años.
De acuerdo con datos del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas de la Universidad Católica Boliviana (IISEC-UCB), citados por Mongabay Latam, entre 2017 y 2023 se desmontaron 324.275 hectáreas en este municipio para actividades agrícolas y ganaderas. Esta cifra representa cerca del 15% de la deforestación registrada en todo el país durante ese periodo.
La situación preocupa especialmente porque la Chiquitania alberga uno de los bosques secos tropicales más grandes de América y enfrenta desde hace años problemas relacionados con incendios, sequías y expansión de actividades agropecuarias.
Especialistas consultados por Mongabay Latam consideran que el principal riesgo de la nueva carretera no sería solamente la superficie de bosque que podría ser afectada directamente por la construcción.
Según sus observaciones, una carretera también puede facilitar el acceso a zonas que actualmente tienen poca conectividad. Esto podría incentivar posteriormente la llegada de nuevas actividades agrícolas y ganaderas y aumentar la presión sobre los bosques.
El economista e investigador Stasiek Czaplicki señaló que el proyecto podría favorecer el movimiento de mercancías y el acceso a terrenos con potencial productivo.
Por su parte, el abogado e investigador Miguel Vargas explicó que una mayor facilidad para llegar a nuevas áreas podría impulsar la transformación de terrenos para agricultura, ganadería y monocultivos.
No obstante, estos efectos todavía son considerados un riesgo potencial, ya que los estudios técnicos del proyecto recién están comenzando y aún no se conoce el impacto definitivo que tendría la carretera.
El proyecto también despertó interés entre empresarios de Mato Grosso. Durante la firma del acuerdo para iniciar los estudios participaron autoridades y más de 50 empresarios brasileños vinculados a sectores como infraestructura, agronegocios, energía y servicios.
Entre ellos estuvo Eraí Maggi, empresario relacionado con el sector agroindustrial brasileño, quien anteriormente manifestó interés en las oportunidades de inversión que ofrece Bolivia.
Desde Brasil también existe respaldo a la construcción del corredor. El diputado estatal Valmir Moretto afirmó que la conexión permitiría reducir los costos de transporte y fortalecer el comercio entre Mato Grosso y Bolivia.
Para el Gobierno boliviano, la carretera representa una oportunidad para mejorar la integración con Brasil y facilitar la llegada de productos bolivianos a nuevos mercados.
El desafío estará en encontrar un equilibrio entre estos objetivos y la protección de los bosques de la Chiquitania. Los estudios que se realicen en los próximos meses serán importantes para conocer el trazado definitivo de la vía, sus posibles impactos ambientales y sociales y las medidas necesarias para evitar una mayor pérdida de bosques.
Por ahora, el proyecto se encuentra en una etapa inicial y todavía no existe una carretera construida. Su verdadero impacto dependerá de cómo se diseñe, qué zonas atraviese y de las medidas ambientales que se establezcan antes de una eventual construcción.
Con información de Cecasem.
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