Lo que durante generaciones ha estado presente en la alimentación de muchas familias bolivianas hoy también despierta el interés de la comunidad científica. El tarwi, la cañahua y la quinua real fueron protagonistas de una investigación liderada por Gabriela Ibieta Jiménez, científica formada en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
El estudio, desarrollado en el marco del Programa UMSA/Asdi y presentado en la Universidad de Lund, en Suecia, analizó las propiedades de estas semillas andinas y exploró nuevas formas de aprovechar sus componentes para la alimentación.
La investigación permitió obtener sustancias que podrían favorecer el desarrollo de alimentos con mayor valor nutricional. Entre los hallazgos destaca la producción de compuestos que sirven de alimento para las bacterias beneficiosas del intestino, además de la obtención de GABA, una sustancia relacionada con funciones del sistema nervioso y el bienestar general.
Más allá de los resultados científicos, el trabajo pone en valor cultivos tradicionales que forman parte de la identidad boliviana y que crecen en condiciones únicas del altiplano, donde enfrentan bajas temperaturas, intensa radiación solar y escasez de agua.
Para la investigadora, estas características hacen que Bolivia posea una riqueza agrícola que aún tiene mucho por mostrar al mundo. Además, considera que el siguiente paso es acercar estos avances a la industria alimentaria para que el conocimiento generado pueda transformarse en beneficios concretos para la población.
El estudio demuestra que semillas tan conocidas como el tarwi, la quinua y la cañahua no solo son parte de la gastronomía nacional, sino también una fuente de innovación y conocimiento con potencial para abrir nuevas oportunidades en el futuro.
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